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Asociacionismo... ¿necesario?

El asociacionismo es un tema complejo y no tanto en sus objetivos teóricos sino en su dialéctica excluyente, en su sistema organizativo y en su anquilosada (falta de) visión colectiva y compartida. Porque el hecho de que un problema específico necesite una atención especial no puede implicar un planteamiento de desgaste hacia otro(s) sector(es) de la sociedad.

La complejidad de nuestras sociedades ha hecho de la representación el mecanismo por defecto para la toma de decisiones. Un mecanismo que está siendo protestado, sobre todo a través de la red, pero que se ha asentado de tal forma en nuestro esquema de supervivencia cotidiana que apenas sabemos cómo empezar a cuestionar.

Vamos sabiendo lo que no funciona pero la queja dura poco. Algo de ruido, intrigas más o menos ocultas y el pacto de lo políticamente correcto que restablece el statu quo para volver a lo que de verdad importa: Y… ¿qué hay de lo mío?

Más allá de si quienes ejercen la representación conocen y defienden las necesidades de sus representados, incluso de si están legitimados por una masa crítica suficiente, ¿es su función mirar hacia lo que hay o contribuir a lo que debe haber? Y para ello, ¿no es imprescindible que conozcan la realidad que está un poco más allá de la zanahoria?

Te necesito, me necesitas, nos necesitamos

Partiendo de la base de que la transformación de la realidad sólo se puede llevar a cabo a través del protagonismo de la sociedad, la participación es, y será, la asignatura pendiente que no se soluciona en las urnas.

El reto de conseguir una ciudadanía activa, responsable y dinámica, que genere y utilice la inteligencia colectiva, es el tópico ilusionante que no sólo no debemos olvidar sino que hay que pasar con urgencia a la lista de prioridades.

Aceptando la condición humana que nos une y nos separa, tenemos que aprender a tomar la diferencia y la diversidad como punto de partida para construir. La necesidad de convivencia entre las viejas reglas de la escasez y el caos de la abundancia no se da sólo en los modelos de negocio, sino en toda la estructura social a la que la democratización de la tecnología está dando un protagonismo cuyas posibilidades aún no sabemos aprovechar. El ideal de asociacionismo no conseguido, ha de convivir ahora con las afinidades y movimientos que se tejen en red.

Evolucionar hacia estructuras de valor

[[http://www.biankahajdu.com/2012/01/15/estructura-informal-y-estructura-de-valor/]]

Los canales formalizados nos hablan de organizar y planificar las acciones reflexionadas previamente por un colectivo de personas, que se constituyen como entidad (Asociación), para mejorar la calidad de vida de las personas, la competitividad de un sector, el futuro de un territorio… Son los que tienen el reconocimiento legal pero no la efectividad que se les supone, ni la “frescura” y la pasión que caracterizan a los actuales movimientos y convocatorias que permiten las redes sociales. Y no hay contacto, parecen excluirse. Pero aunque la necesidad de aprender a participar y a colaborar se hace cada vez más acuciante, no hay fórmulas matemáticas así que lo que nos queda es cuestionar y, como no, aprender haciendo.

El desarrollo del fenómeno asociativo y el asentamiento de democracias participativas son fenómenos intrínsecamente ligados en su evolución. Así, estas organizaciones se fueron convirtiendo en un agente social de obligada referencia en la decisión de otorgar, o no legitimar, políticas en diferentes ámbitos sin llegar nunca suplantarlos en esta responsabilidad democráticamente asumida. ¿O no?

Localismos

El entorno asociativo español se ha caracterizado siempre, entre otras cosas, por su gran pluralidad pero, sobre todo, por su excesiva fragmentación. Sin embargo, cumplir con eficacia el papel de guardián de causas sociales (todas lo son) exigía como requisito una mayor coherencia interna y un amplio e involucrado respaldo externo.

Las sociedades son demasiado complejas para que una organización pueda existir y funcionar de una manera aislada. Un buen principio de hace 20 años (o más) era decir que la colaboración entre ciudadanía, organizaciones, Administración y empresas era fundamental a la hora de alcanzar unos objetivos determinados. Pero revisemos esto.

Antes de haber sido capaces de asimilar el concepto de colaboración, la ciudadanía ha cobrado una nueva dimensión en red que nos empuja por encima de cualquier tipo de barrera física o (i)realidad legislada. Por otro lado, las organizaciones permanecen en un encorsetamiento arcaico que necesita urgente evolución. No sólo se confunde “misión” con ambigüedades literarias y objetivos con lista de actividades y/o tareas, sino que la falta de diferenciación ha conducido a un estado de guerra permanente que no lleva a otra cosa que a la saturación indiferenciada y a la proliferación de corrillos y zancadillas.

Sabemos que el asociacionismo hoy en día carece del necesario respaldo social. Pero lo necesitamos. Igual no este, pero hay que construirlo. Necesitamos alternativas

Asociacionismo participativo

No es cuestión de “dias D”, los universalismos no cuentan. Hay que trabajar sobre objetivos concretos y cocinar el día a día con buenas recetas, como propone Fernando de la Riva

Gestión de entidades sin ánimo de lucro

En España, el desarrollo del fenómeno asociativo y el asentamiento de una democracia participativa han sido y son fenómenos coetáneos e intrínsecamente ligados en su evolución. Las asociaciones se han convertido en un agente social de obligada referencia en la decisión de otorgar o no legitimar políticas sociales de los gobiernos sin llegar nunca a suplantarlos en esta responsabilidad asumida democráticamente.

El entorno asociativo español se caracteriza, entre otras cosas, por su gran pluralidad así como su excesiva fragmentación. Si el sector asociativo como tal desea cumplir con eficacia el papel de guardián de las causas sociales, se ha de dotar de una mayor coherencia interna y de un más amplio e involucrado respaldo externo.

Las sociedades de hoy en día son demasiado complejas para que una organización pueda existir y funcionar de una manera aislada. La colaboración con otras organizaciones, con la Administración y con las empresas puede ser fundamental a la hora de alcanzar unos objetivos determinados.

La capacidad para conectarnos en red ha dado paso a nuevas formas y procesos pero la legitimidad sigue estando en las organizaciones constituidas que, en general, siguen estando mal dirigidas y peor gestionadas. No han cambiado mucho las cosas desde 1999, fecha en la que realicé este estudio.

Reflexiones de referencia

asociacionismo.txt · Última modificación: 2014/06/21 18:34 por isabel